viernes, 2 de septiembre de 2011

Menos mal

Menos mal que The New York Time elogió a la Argentina.
Menos mal que la Bonaerense es menos dañina que los medios.
Menos mal que el mundo es binario.
Menos mal que están los buenos y los malos.
Menos mal que los tiempos que corren sean para panfletarios y lineales.
Menos mal.

domingo, 29 de mayo de 2011

El Tío Horacio reescribe la historia.

El entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, intercedió ante Telefonica para que condonara o refinanciara la deuda que Daniel Hadad contrajo al adquirir el canal 9, como informó este diario oficialista el 26 de diciembre de 2004. Cuando esas gestiones fracasaron, Kirchner acudió a la prórroga de las licencias. De ese modo revalorizó a los contrincantes del Grupo Clarín y los rescató de la quiebra. Es decir que ya en el segundo año de su presidencia, Kirchner estaba prevenido contra la enorme concentración de poder mediático en un solo grupo, que además procuraba expandirse al campo de las telecomunicaciones, para lo que solicitaba el apoyo oficial. Que no lo haya enfrentado entonces obedece a debilidad objetiva y subjetiva. “Hay cosas que no me animé a hacer, para no de-sestabilizar, para no profundizar, y que, gracias a Dios, Cristina las está haciendo”, dijo en enero del año pasado (“Hombre de la Plaza Rosada”, Página/12, 10 de enero de 2010). Una vez más, la cronología ayuda a comprender los procesos. En diciembre de 2007, tres días antes de su conclusión, el gobierno de Kirchner había autorizado la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal, si se cumplían las condiciones de desmonopolización señaladas por el Tribunal de Defensa de la Competencia.

domingo, 15 de mayo de 2011

एल tíओ होराचियो एक्रिबे देस्दे एल फ्रेंते दे बताल्ला

Por esos días, la CGT reclamaba con insistencia la elevación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. El gobierno se resistió todo lo que pudo, con argumentos que nunca hizo públicos pero que lo hubieran merecido. En Estados Unidos, Italia y Gran Bretaña el impuesto a los ingresos de las personas llega al 11 por ciento; en Alemania casi al 10 por ciento y en Francia al 8 por ciento. En la Argentina apenas es del 1,6 por ciento. Como sólo afecta a los trabajadores de altos ingresos y su tasa se eleva según el nivel de las remuneraciones, es un impuesto progresivo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El periodismo ha muerto. Vivan los libros!

Se dice con frecuencia que una sociedad sin Estado funcionaría si todos fuéramos ángeles, pero debido a la perversidad de la naturaleza humana es necesaria alguna jerarquía para mantener a la gente a raya. Más cierto sería decir que si todos fuéramos ángeles el sistema presente podría funcionar tolerablemente bien (los burócratas actuarían honestamente, los capitalistas se abstendrían de empresas socialmente dañinas aunque fuesen provechosas). Es precisamente porque las personas no son ángeles por lo que es necesario eliminar el sistema que permite a algunas de ellas llegar a ser diablos muy eficientes. Mete a cien personas en una pequeña habitación con un sólo agujero de ventilación y se pelearán unos con otros hasta la muerte por alcanzarlo. Déjalos salir y puede que manifiesten una naturaleza diferente. Como decía un graffiti de mayo de 1968, “El hombre no es ni el noble salvaje de Rousseau ni el pecador depravado de la Iglesia. Es violento cuando está oprimido, tierno cuando es libre.”

De ¨El Placer de La Revolucion¨ - Cap1 ¨Cosas de la Vida¨- Collected Skirmishes of Ken Knabb

jueves, 28 de octubre de 2010

De muertes y militantes, un apunte escrito en caliente

Escribo esto en caliente, al escuchar las palabras muerte y militancia atravesar todo tipo de relatos. Escribo en pausas de tanto trabajo. Escribo a modo de catarsis, así en la urgencia. Y sospecho que este es un relato en construcción.
Venimos de un país donde las muertes de los militantes siempre están teñidas por la tragedia. La última muerte violenta, fue la de Mariano Ferreyra. Fue un asesinato producto de la inacción policial –qué paradoja- y la acción impune de las patotas sindicales –ninguna novedad-. Cuando me enteré, estaba editando notas dirigidas a abordar las diferentes aristas de las consecuencias del Terrorismo de Estado. Huellas que seguirán marcando a mis hijos y a los hijos de mis hijos. Ese día, dejé todo y me metí en la vorágine de los informativos de radio, televisión e Internet. Ese día me acordé de las palabras de una amiga que suele decir que la práctica política en este país nunca es gratuita. Claro, por supuesto: ahí estarán los treinta mil para recordarnos siempre esa certeza. Ese día, marcó para mí un punto de inflexión. El proceso histórico inaugurado en 2003 mostraba sus contradicciones a sangre y fuego. Pasó lo único que no debía pasar. No me quiero olvidar de Julio López, aquel testigo que sigue desapareciendo todos los días por esa costumbre tan argentina de naturalizar hasta lo más terrible.
Ese día, la realidad -o la construcción de la realidad- no paró hasta trazar interpretaciones de lo más surrealistas. Un joven militante asesinado pasó a ser en el muerto que nadie quería tener.
Pero lo que me mueve a escribir estas líneas es un profundo dolor, una enorme tristeza que surge de ese mar embravecido de este realismo democrático.
Murió Néstor Kirchner. El hombre siempre me resultó contradictorio, por momentos irreverente y envalentonado, en otros un caudillo de lo peor. Diría un ex ministro que solía entrevistar “no te confundas, es un peronista de paladar negro”. Pero siempre fue un político con todo lo que implica esa palabra.
Me unieron a él sus enemigos; me enemistaron con él sus socios en la construcción corporativa del poder político y económico y sus alianzas estratégicas con sectores que él mismo hubiera combatido treinta años atrás.
Me llevo la capacidad de poner en debate aquello que no se discutía, lo que estaba vedado. El haber puesto a la política en el centro de la escena.
Vuelvo a la muerte de Mariano Ferreyra, el militante asesinado por la patota sindical. Pienso en la lucha por el sentido, el blanqueo de prácticas mezquinas, aún por quienes se arrogan la pertenencia por historia y trayectoria en ese vasto continente llamado campo popular, en desmedro de los medios hegemónicos, monopólicos o canallas, como gusten llamarlos. Las versiones cruzadas, las comparaciones agarradas de los pelos entre el ERP y el PO de periodistas como José Pablo Feinmann en Página/12; la columna insensata del cura Eduardo de la Serna en Tiempo Argentino asumiendo que el PO tiene el mártir que buscaba. Son dos ejemplos, pero si hurgamos en los medios que nos pueden resultar afines, afirmaciones como estas abundan. Ni hablar de la opereta berreta de 678. Todo esto para demostrar lo incómodo que resultó en el corazón del aparato de propaganda oficialista ese asesinato. Porque fue eso: un asesinato, una muerte violenta, producida en el marco de un proceso histórico que, con sus luces y sombras, hacía de la práctica política una bandera. Pero las banderas, como los procesos históricos, tienen sus límites. Muchas veces esos límites no lo marcan sus enemigos, sino sus propias contradicciones. Salvo algunas excepciones, aquellos de los que uno puede esperar un trazo de lucidez, no quisieron hacer una lectura sensata de lo que significa en este país un crimen político. No sólo no lo hicieron, prácticamente intentaron imponer –otra paradoja- una suerte de teoría de los dos demonios. Y ya se sabe cómo terminan estas cosas.
Todo esto para expresar algo que siento desde lo más hondo. No es, por supuesto, una conclusión acabada, sólo una impresión en caliente, cuando veo a muchos frotarse las manos para definir en una batalla que se imaginan final, la suerte de este proceso. Quiero decir, el punto de inflexión, lo que cambió la manera de pensar la práctica política en este momento histórico, fue para mí el asesinato de Ferreyra. Y siento temor. Temor por lo dañino que puede ser caer en lógicas binarias que no nos permita ver al enemigo. Temor por que el poder real siempre encuentra en las grietas del sistema, su capacidad de daño. Temor por el peligro que implica dejar de lado la distancia crítica y no saber discernir entre los matices de una realidad que siempre es más compleja y endemoniadamente contradictoria de lo que suponemos.
El dato concreto, duro es que en siete días hubo dos militantes muertos. Una semana después del asesinato de Mariano Ferreyra, la muerte de Kirchner marcó otro cambio en la trayectoria de eso que llamamos realidad. Su muerte me causó tristeza por lo que pudo ser. La de Mariano bronca y dolor. Una impacta por remitir a uno de los peores capítulos de nuestra historia. La otra, conmociona, genera incertidumbre. Lo que cada una deja se puede palpar en las calles y, claro, en ese territorio ficticio de los medios.
Con la muerte de Kirchner, Rosendo Fraga tiró la primera bala, no al corazón del gobierno, sino al cuerpo de todos nosotros. El resto de las notas, sobre todo en la tribuna de doctrina, tenían el mismo hedor a podredumbre. Es seguro, que vendrán muchas más.
Pienso y escribo que todo es permanente hasta que cambia para siempre. Pienso, también, que la realidad –o la construcción de la realidad- es una sucesión de explosiones en cadena. Imprevisibles. Incontenibles.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Buenos Aires siempre estuvo cerca

Frankfurt-Buenos Aires, vuelvo a la ciudad de la furia y a bañarme en las aguas turbias del realismo democrático.
De todos modos, no se extraña lo que nunca estuvo lejos.

miércoles, 23 de enero de 2008

Volveré y seré Sucesos
(o lo que queda de él)